Cualquier lectura del clásico tiene que estar condicionada por lo que pasó en los primeros veinte segundos. Desde el punto de vista madridista, te pones 1-0 gracias a un error de bulto del rival, estás ante tu público, eres líder y vienes de donde vienes. Son condicionantes que invitarían a pensar que el equipo se vendría arriba. Y pasó todo lo contrario. El Madrid se agazapó y se dedicó a esperar al Barça. Pareció entrarle el miedo. Lo dije en la media parte cuando el Barça aún no ganaba y lo repito ahora que lo ha hecho por goleada: a lo que hizo el Madrid ayer se le llama CAGÓMETRO. Y lo pongo en mayúsculas para que, en un futuro, siga quedando claro.
Vayamos al punto de vista del Barça que es, seguramente, el que más nos interesa. A los veinte segundos, te has puesto por detrás por culpa de un error de tu portero. Tienes a más de 80.000 personas en tu contra y la presión de saber que el Madrid se te escapa en la clasificación. Cualquiera se pondría a temblar pensando en la que le puede venir encima. Pero lejos de eso, el Barça decidió ser más fiel que nunca a su estilo y empezó a tocar y tocar. Empezando por Valdés, que demostró porqué para muchos es el mejor portero del mundo. Es cierto que, de vez en cuando, agradecería algún castañazo para evitar problemas. Pero este equipo está parido para no rifar nunca la pelota e irá con eso hasta la muerte. Y será valiente. Porque esas es una de les grandes diferencias entre Guardiola y su mentor, Cruyff: este Barça es valiente hasta en el Bernabéu. Se ponen 1-0 en el primer minutos? Da igual, a lo nuestro: tres defensas y a atacar.
El partido de ayer sirvió para demostrar que el músculo más importante es el cerebro y que el fútbol es un conjunto de estados de ánimo. Los jugadores del Barça no son ni más rápidos ni más fuertes que los del Madrid. La diferencia la marca lo de arriba. Este Barça está entrenado para competir. Y cuando sabes competir, acostumbras a ganar. La imagen del equipo recordaba a la de un Terminator, programado para cumplir su objetivo.
En este caso, pero, el Terminator supo recitar poesía. Porque, al final, al fútbol se juega con un balón y hay que mimarlo. Esta es otra de las grandezas de este Barça: a su capacidad competitiva le añade su amor por la pelota. O viceversa. Cruyff nos enseñó que los partidos se dominan en el centro del campo y ahí el Barça sigue siendo infinitamente mejor que el Madrid. Cuando los buenos se ponen a jugar, a los no tan buenos les toca correr detrás del balón.
“Veni, vidi, vici”, que diría Julio César. “Llegar, ver, vencer”. Y en el caso del Barça, a por las maletas y a disputar otro título. Lo dicho: como un Terminator que recita poesía.
Hay que seguir. Queda mucho y el camino será largo.
Escrito por siquerodriguez